Una búsqueda por una mujer desaparecida en Long Island terminó revelando algo mucho más oscuro: durante años, alguien había usado la costa de Gilgo Beach como un cementerio oculto.
Entre los matorrales aparecieron cuerpos de mujeres jóvenes envueltas en arpillera, abandonadas casi en línea, como si hubieran sido colocadas cuidadosamente por alguien que conocía perfectamente la zona.
Mientras la policía intentaba entender quién estaba detrás de los asesinatos, las familias comenzaron a recibir llamadas inquietantes de un hombre que parecía disfrutar el miedo que dejaba detrás. El caso se convirtió en uno de los mayores misterios criminales de Estados Unidos… y durante más de una década, el asesino siguió sin rostro.