En pleno desierto de San Juan, unos arrieros hallan el cuerpo de Deolinda Correa, muerta de sed durante las guerras civiles del siglo XIX. Junto a ella, un bebé sigue con vida, y la leyenda asegura que se alimentó del pecho de su madre después de muerta.
Ese hallazgo dio origen a una de las devociones populares más grandes de Argentina. Desde entonces, miles de fieles dejan botellas de agua en su santuario de Vallecito como ofrenda. La Iglesia nunca la reconoció como santa, pero camioneros y viajeros la veneran como su patrona. Hoy investigamos el misterio de la Difunta Correa.