El 27 de junio de 1995, Jodi Huisentruit salió de su departamento antes del amanecer, como siempre, y nunca llegó al canal. En el estacionamiento quedaron sus zapatos de taco, su cartera desparramada y las llaves puestas en la cerradura del auto.
Nueve meses antes, ella misma había denunciado que alguien la seguía en una camioneta blanca. La policía interrogó a más de mil personas, el principal sospechoso murió proclamando su inocencia, y el caso fue archivado sin respuestas. Treinta años después, una docuserie apunta a un asesino serial que visitaba con frecuencia el mismo estacionamiento. Jodi sigue desaparecida.